jueves, 9 de mayo de 2013

Gunnar, la rana viajera

 
Hoy os quiero contar mi historia.
 
Nací en un estanque de Mälmo (Suecia) y desde que tengo memoria (creo que en el caso de una rana, la expresión "uso de razón" está fuera de lugar) todos me llaman Gunnar. Es un nombre fácil de pronunciar para mi familia, porque lo hacen en dos veces: Gun - nar (Gun al abrir la boca y nar al cerrarla, podéis probar a hacerlo si estáis solos).
 
 
Fui un renacuajo feliz, siempre serpenteando en las aguas gélidas de mi hogar mientras escuchaba a los mayores contar la historia de un primo de mi mamá, Gustav Gustavsson. Al parecer, un día Gustav puso rumbo a Estados Unidos y se hizo un hueco en el difícil mundo del periodismo.
 
Dicen que me parezco bastante a él. Salvando las distancias -entre mis ojos-, yo soy mucho más atractivo. Además, yo no soy tan snob como para llevar gabardina, ni siquiera me pongo un jersey cuando el frío aprieta. Lo que sí es cierto es que ambos somos bastante simpáticos, extrovertidos y curiosos.
 
Sin embargo, mientras a él le dio por perseguir la noticia, yo preferí ser noticia, siendo la primera rana en recorrer el mundo en un globo aerostático. 
 
 
 
 
Desde mi primera vuelta al mundo, soy lo que viene siendo "una rana muy viajada". Los vendedores de los principales zocos hace tiempo que se cansaron de mí (supongo que regatear conmigo dejó de ser divertido) y en Lisboa se acabaron los aperitivos not by the face a la espera de mi comida. Lo que daría a veces por volver a ser un turista cualquiera...
 
 
 
Lo cierto es que después de tantos años viajando, conseguí hacer de mi cestita mi hogar. Cuando echaba de menos mi patria, me plantaba en algún IKEA para renovar mi casa, pero como imaginaréis, a día de hoy, ni siquiera el mal llamado gigante sueco ha diseñado mobiliario adecuado para un espacio tan reducido.

 



Aprendí a acomodarme en la cesta y a disfrutar de las vistas. En algunas ocasiones, los pajarillos que se cruzaban conmigo me sacaban alguna foto que después me dejaban como recuerdo.


Éste soy yo posando para un aguilucho aficionado a la fotografía

Esta foto me la hizo un gorrión muy simpático
¡¡En buena hora le dejé usar el zoom!! - Me veo muy feo
 

Ahora que os he contado mi aventura viajera, ha llegado el momento de ser sincero: un día me dí cuenta de que me estaba cansando de esta vida. Fue duro reconocer que ya no estaba para estos trotes. Y es que la edad no perdona, amigos.

Me resistí, pero finalmente acepté que debía buscarme un modo de vida más estable. Consulté con varios de mis colegas, pero ninguna de sus propuestas me emocionaba lo suficiente.

Volver a un estanque me parecía demasiado aburrido. Además, tampoco me apetecía ser objetivo de los tirachinas de los jovenzuelos, por no mencionar el asquito que me daba la perspectiva de pasarme el día retozando en aguas turbias. No señor, yo no estoy hecho para eso.


Solo de imaginarme ahí, empiezo a sentir náuseas

Presentar un programa de viajes hubiera sido una buena opción, el problema fue que a pesar de sus buenos contactos, ni siquiera el primo Gustavo pudo echarme una mano, por lo que la oportunidad de entrar en el broadcasting, como él lo llama, se difuminó. Por no mencionar que después de Lonely Planet y el programa de Pocholo recorriendo España en caravana, parece que hay poco con lo que innovar en la materia.

Tras unos días de crisis existencial, uno de mis amigos voladores se me acercó y me acabó camelando. Imagino que vuestra curiosidad quiere saber de qué manera.

Pues un pajarito me dijo que hace unas semanas nació un precioso niño llamado Mateo:

- Seguro que a Mateo le calmará escuchar tus historias sobre viajes - me dijo.

- Seguro que a Mateo le fascinará revivir tus aventuras antes de dormir - añadió.

Con estos dos argumentos, poco más tenía que decirme para convencer a esta vieja rana de que ese iba a ser mi próximo destino. En ese mismo instante, ya me estaba viendo en su habitación, junto a su cuna, cuidando de su sueño y observando sus descubrimientos a medida que vaya creciendo.

Creo que voy a ser una rana muy feliz :D

Pero siguió:

- Seguro que a Mateo le encantará mordisquearte y llenarte de babitas cuando le empiecen a salir los dientes - continuó.

Esa última posibilidad no me hizo tanto gracia, pero estaba seguro de que esta nueva etapa de mi vida me iba ser muy gratificante, y valorando la posibilidad de acabar mis días llenas de babitas, me dije a mí mismo: y a mí, ¿qué gurumi?

 
El patrón de la rana podéis encontrarlo en el blog LaNaynay.
 
El diseño del globo y cesta es propio, basándome en el patrón de Jarbo que ya utilicé en un proyecto anterior.
 
 
 
¡Gracias por llegar hasta aquí!
 





6 comentarios:

  1. Amparo! No sé que le va a gustar más a Bego, si Gunnar o la historia que le has escrito!!Qué bonita!!

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    1. Gracias!!!! Espero que le gusten ambas cosas :D

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    1. Gracias Ama!! Que la fábrica no pare! ;)

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  3. Me ha encantado Gunnarcita!!!!
    Qué vida más bonita va a tener en manos de ese niño Mateo!
    La historia es muy bonita, amable, y bien escrita. A ver si tanto Mateo como tú, tenéis también suerte y viajáis por lugares bonitos y nos contáis más historias.
    Un abrazo para tí y otro para Gunnar, que se lo daré yo.
    Otro pajarillo.

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    1. Qué palabras más bonitas! Muchísimas gracias!

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